Periodistas: tenemos que hablar sobre los peligros de una cobertura mediática irresponsable en eventos LGTB+

Antes de nada, me gustaría aclarar que el objetivo de este artículo no es otro sino plantear un debate abierto. Quiero invitar a quienes ejercen la labor periodística, y también a la sociedad en general, a reflexionar sobre las consecuencias dañinas que puede producir la difusión a gran escala de imágenes de personas pertenecientes colectivo LGTB+. No pretendo aleccionar a nadie, y mucho menos decir cómo es correcto hacer periodismo, pero sí poner en relevancia un problema en el que no había reparado hasta hace pocos días.

Permitidme recapitular y poneros en contexto. Junio de 2016. El equipo de Gaymer.es, web especializada en diversidad sexual y videojuegos, organiza “MaricCon”, la primera edición del encuentro para gaymers, boardgamers y frikicuriosos (jugadores LGTB+) que se celebra en Bilbao. La Liga LGTB es invitada a formar parte de este evento con su propio stand. Aceptamos y organizamos un concurso en el que se requería, entre otras cosas, que la gente se disfrazara para participar. Yo trabajé voluntariamente en ese stand junto con otras personas de la asociación. Y en los ratos en los que no teníamos a nadie a quien atender, cogíamos algunas de las prendas que había disponibles para disfrazarse y nos hacíamos selfis con ellas puestas para matar el tiempo.

Había un fotógrafo cubriendo el evento para los organizadores, y por lo visto tomó una fotografía mientras nos estábamos haciendo una de esas selfis. Una vez finalizado el evento, la organización nos envió todas las imágenes tomadas durante su transcurso. Las había de todo tipo: personas jugando a videojuegos, grupos grandes y pequeños echando partidas de juegos de mesa, planos generales del gentío, y entre todo ello, la foto de nuestra selfi. Nos reímos al verla y hasta ahí todo bien, ningún problema.

Ahora, saltamos un año adelante, a junio de 2017. La revista de actualidad PlayGround, una de las más leídas por jóvenes hispanohablantes a lo largo y ancho del planeta, y que probablemente ya conocerás (sus mini-reportajes en formato de vídeo cosechan un éxito tremendo en Facebook), publica una noticia sobre el evento “MaricCon 17”, la segunda edición del encuentro en el que participamos. La organización les cede las imágenes del año pasado para ilustrar la noticia, y entre todas ellas, seleccionan la de nuestra selfi para encabezarla. La imagen se muestra, además, como previsualización de la noticia al compartirla en redes sociales como Facebook y Twitter. En cuestión de pocos días, tiene más de 5.000 interacciones y 1.000 comentarios. Y es aquí donde se origina el problema.

Siendo honesto, realmente no comprendo qué interés tiene esta imagen para ser elegida entre todas las que se tomaron el año pasado, que no fueron pocas. Sólo se nos muestra con diademas graciosas, no hay nada más: somos nosotros haciéndonos una selfi. No estamos jugando a videojuegos, ni a juegos de mesa, que es de lo que va el asunto. No se muestra ni el entorno ni el ambiente general que había en la sala.

Pero lo más importante no es el escaso interés que tiene nuestra selfi para ilustrar la noticia: el problema real es que varias decenas de miles de personas (y no estoy exagerando) se han topado con nuestras caras, claramente distinguibles, mientras echaban un vistazo a sus muros y perfiles en las redes sociales. Y es que PlayGround tiene más de trece millones de likes en Facebook y casi cien mil seguidores en Twitter. Estamos hablando de una sobre exposición colosal para unas personas anónimas, que en ningún momento la han autorizado o solicitado.

No me malinterpretéis, sé que esto que ha hecho PlayGround es completamente legal: los medios de comunicación tienen derecho a difundir imágenes de personas mayores de edad que se hallan en espacios públicos. No cuestiono la legalidad, cuestiono la responsabilidad. Y la cuestiono por algo en lo que la persona de PlayGround que eligió nuestra foto no ha pensado en absoluto. Y es que no está cubriendo una feria del libro o un concierto de rock: se trata de un evento para personas LGTB+. Y las personas LGTB+ seguimos viviendo, muy a nuestro pesar, en una sociedad intolerante.

En mi caso, he tenido por suerte una vida muy tranquila, y he hallado siempre tolerancia y respeto en mis entornos más cercanos. Yo pensaba que sería así para la mayoría de la gente LGTB+, que el odio y el rechazo eran cosa propia de otros lugares o de otras épocas. Pero durante mi militancia activista en la Liga LGTB he podido conocer una triste realidad: personas jóvenes, gente de mi edad, ha sufrido auténticas barbaridades por ser gay, lesbiana, bisexual o trans en Euskadi. Sí, sigue pasando en pleno 2017. Desde quienes tienen que lidiar con las mayores hostilidades en su entorno familiar, pasando por quienes fingen ser heterosexuales en su puesto de trabajo por miedo a represalias, hasta quienes han sido golpeados por besarse con su pareja por la calle. No estoy exagerando, es una realidad: la LGTBfobia sigue existiendo aquí y ahora, por mucho que nos avergüence reconocerlo como la sociedad supuestamente avanzada y tolerante que somos.

Por suerte, ninguna de las personas que figuramos en la fotografía está atravesando una situación complicada en su vida. Pero, al vernos ahí, tan expuestos, con semejante difusión, no pudimos sino preguntarnos, ¿y si hubiera sido diferente? ¿Y si alguno de nosotros hubiera estado en el armario aún? ¿Con unos padres que se negasen a apoyarnos si conocieran nuestra orientación sexual? ¿Con un jefe que nos despidiese si se enterara de que acudimos a eventos LGTB+? ¿Y si ese padre homófobo, o ese jefe odioso, fuera uno de los millones de lectores de PlayGround? Esa inseguridad tremenda, esa cruda exposición a las represalias, y esa falta de control sobre el ritmo en el que cada persona concilia sus entornos con su identidad, resulta nada más y nada menos que escalofriante. Y, por si fuera poco, la cantidad de comentarios de odio que la noticia ha recibido tampoco tranquilizaría a quien esté atravesando una situación complicada en su vida.

Es por ello que me gustaría invitar a los periodistas a tomar conciencia sobre nuestras realidades, que a menudo pueden ser muy delicadas. El colectivo LGTB+ sigue luchando por un respeto y una tolerancia totales, que están aún por alcanzar. Y aunque vamos en buen camino, no todas las personas gays, lesbianas, bisexuales y trans tienen la suerte de contar con un entorno favorable, ni están preparadas para ser identificadas a gran escala como parte de este colectivo.

La forma de resolver esta cuestión, desde luego, no pasa por hacer sentir intimidadas a estas personas, temerosas de que sus rostros sean difundidos por los medios de comunicación si acuden a algún evento LGTB+. La solución pasa por que los profesionales del periodismo, los blogueros, los YouTubers, y en definitiva cualquiera que tenga una capacidad de proyección pública lo suficientemente grande sepa empatizar con este problema y comprender el daño que involuntariamente puede llegar a generarnos.

Por ejemplo, ¿qué tal si PlayGround hubiera ilustrado la noticia con una fotografía general y colectiva como esta?

En realidad es sencillo evitar las imágenes demasiado personales o que muestren rostros reconocibles a la hora de cubrir noticias relativas al colectivo LGTB+. Y, si no puede ser de otra manera y se quiere utilizar un plano personal, estaría bien ser responsables, pedir permiso y cerciorarse de que no se pone a nadie en una situación complicada.

Habrá un día en el que difundir imágenes de personas gays, lesbianas, bisexuales y trans no sea problemático por el simple hecho de que lo son. Hasta entonces, cuidemos a cada persona que forma parte de este colectivo y tengamos siempre en cuenta que pueden estar librando batallas que por desgracia nunca han pedido en sus vidas.

Asier Rufo Gaztelumendi

Asier Rufo Gaztelumendi

Graduado en Publicidad y Relaciones Públicas y máster en Comunicación Multimedia. Expresidente fundador de la Liga LGTB. Creo en que los alumnos construyamos una universidad más inclusiva con la diversidad sexual y de género. En mis ratos libres juego a videojuegos, escucho metal sinfónico y me retoco el flequillo.

Más entradas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies